Pérdidas

Lo ocurrido con el fondo “E” en el año 2021 comprueba de modo dramático la precariedad e injusticia de usar la volátil rentabilidad de los mercados financieros como método de cálculo de pensiones, así como la debilidad de la rentabilidad promedio de cuota como medida de las ganancias del fondo. Por dicho método de cálculo, aparte de su volatilidad, las pensiones de todos los jubilados AFP se han rebajado en promedio a la mitad durante 40 años, comparadas con las del antiguo sistema para historias laborales similares, y mucho más las de todas las mujeres y otros grupos discriminados como los EE.PP. 

Manuel Riesco (*). Vicepresidente CENDA. Santiago. 05/11/2021. En carta reciente a un diario de Santiago, lectores que se presentan como “tres viejos amigos que confiamos en el sistema de retiro programado”, dicen hallarse “ante un callejón sin salida” a raíz de las pérdidas de los fondos AFP, especialmente los más conservadores  “E” y “D”. “Cambiarnos a la opción de renta vitalicia asoma como la única posible, pero hoy por hoy ese remedio es peor que la enfermedad”, concluyen, antes de proponer que el Estado reponga las pérdidas sufridas. Tienen toda la razón. Ha llegado el tiempo de solucionar este problema de una buena vez.

Las recientes pérdidas del fondo AFP son considerables. En lo que va del año 2021 hasta fines octubre recién pasado, la cuota ponderada del mismo ha caído cerca de 15 por ciento medida en dólares y cerca de cinco por ciento en UF, arrastrada por los fondos “D” y “E”, que han caído más de un quinto y un cuarto en US$, y poco menos, y poco más, de 15 por ciento, en UF, respectivamente. Aún así, la cuota del fondo “E” desde su creación acumula ganancias siempre positivas, las que alcanzan actualmente a cerca de 70 por ciento en dólares y se han más que duplicado en UF (*).

Sin embargo, al perder dicha cuota un cuarto de su valor en el año 2021, esa rebaja se aplica sobre la considerable masa de dinero acumulada por el fondo “E” a fines del 2020, que en ese momento sumaba cerca de 50 mil millones de dólares y era el segundo fondo con más recursos después del ¨C”. Ello se debió principalmente a que muchos afiliados, prudentemente, trasladaron sus fondos al “E” por ser el más estable y el único que no perdió nunca durante los años de la crisis “subprime” y hasta el 2020. Adicionalmente, el sistema trasladó allí el grueso de los fondos de los jubilados por retiro programado.

De este modo, el fondo “E” ha perdido en el 2021 más de ocho mil millones de dólares, una cifra levemente superior a todas las ganancias acumuladas por el mismo fondo desde su creación en el año 2000 y hasta diciembre del 2020, medidas mes tras mes en dólares. Medidas en UF, dichas pérdidas suman 4,2 billones de pesos.

Así, tras la reciente caída, el fondo “E” ha terminado octubre perdiendo algunos cientos de millones de dólares desde su creación en el año 2000, en circunstancias que el fondo AFP completo ha ganado poco más de 76 mil millones de dólares en el mismo período. Medido en UF, el fondo “E” acumula todavía una ganancia de 4,4 billones de pesos de hoy, que representan cerca de un cinco por ciento de los 83 billones de pesos que ha ganado el fondo AFP en su conjunto, en el mismo período.

Es decir, los depósitos y traspasos registrados en todas las cuentas individuales asignadas al fondo E, desde su creación en el año 2000, en conjunto no han ganado nada, en realidad han perdido un poco si se miden en dólares y ganado muy poco si se miden en UF. Una situación parecida pero peor aconteció en el fondo “A” en la crisis subprime.

La rentabilidad bruta del fondo AFP, que alardea la propaganda del sistema, ha sido interesante, pero nada del otro mundo y muy volátil. Expresada en dólares la rentabilidad de la cuota AFP ha sido inferior a Wall Street desde su creación en 1981. Ambas han sido relativamente elevadas, del orden del 5 por ciento anual en promedio, porque las AFP fueron creadas en una sima, o punto más bajo, del ciclo secular de las economías desarrolladas. Desde el año 2000 en cambio, la cuota AFP ha ganado muy poco y desde el máximo alcanzado el 31 de octubre del 2007, día de Halloween, justo antes de despeñarse la crisis “subprime”, la cuota AFP no ha ganado absolutamente nada.

Por otra parte, hay consenso en que Wall Street se encuentra hoy en niveles insostenibles, por lo cual es de esperar una corrección importante. Asimismo, a medida que el último ciclo secular de las economías desarrolladas, iniciado con el siglo, se ha venido recuperando a partir de la segunda década del mismo, el denominado “complejo emergente”, que incluye monedas, bolsas y materias primas, de países emergentes, ha venido corrigiendo la gigantesca burbuja especulativa que lo afectó durante la primera década del siglo, hasta casi completar dicha corrección por estos días. La bolsa chilena y la cuota AFP han seguido el comportamiento del complejo emergente.

Por cierto, las rentabilidades anteriores, tanto la variación de cuota como las ganancias monetarias de los respectivos fondos, son rentabilidades brutas. Es decir, antes de descontar de las mismas las suculentas comisiones y primas netas que ha cobrado el sistema AFP. Estas últimas se acumulan constantemente, mes tras mes, año tras año, gane o pierda el fondo, y hasta fines de octubre recién pasado han absorbido casi el 70 por ciento de las ganancias brutas acumuladas por el fondo AFP desde su creación en 1981.

La única comisión rebajada de la cuota antes referida, es la llamada “comisión fantasma” que las AFP pagan a gestores externos, con cargo al fondo, las que equivalen a la mitad de las comisiones de administración que  las AFP descuentan adicional y directamente de los salarios.

Por todo lo anterior, la rentabilidad que representaría para los afiliados y el fisco el “negocio” de desviar las cotizaciones obligatorias al ahorro forzoso AFP, en caso de restituirse el fondo completo, conocida como la tasa interna de retorno (TIR) del mismo, resulta muy modesta. Fue negativa hasta 1990 y desde entonces ha oscilado en torno a un 2 por ciento anual medida en dólares, reduciéndose a cero en varias ocasiones. Actualmente la TIR alcanza el uno por ciento. En UF sube un punto porcentual y medio punto más si se restituyen adicionalmente las rentas vitalicias adeudadas por las compañías de seguros.

Sin embargo, lo anterior supone que los afiliados y el fisco recuperan el fondo completo y además las reservas técnicas de las compañías de seguros. Hasta el momento, la única ocasión en que se ha restituido parte del mismo son los retiros 10% ordenados por el Parlamento en forma casi unánime. Todo el resto del tiempo, los afiliados y el fisco sólo han aportado dinero neto al fondo, puesto que en todos y cada uno de los 484 meses, 40 años, transcurridos desde su creación en 1981, las cotizaciones obligatorias y subsidios monetarios directos del fisco han más que duplicado el monto de las pensiones pagadas por dicho sistema.  Ello desnuda con toda claridad la naturaleza abusiva del ahorro forzoso, que consiste en desviar al mismo la mayor parte de las cotizaciones obligatorias, restándolas al pago inmediato de pensiones que constituye su destino único y exclusivo.

También es propaganda engañosa, el no descontar de las referidas cuotas y ganancias del fondo, las comisiones y primas netas cobradas por el sistema AFP, a excepción de las “fantasmas”. Ello se comprueba al medir la rentabilidad neta, es decir, la rentabilidad bruta menos las comisiones y primas netas, el grueso de las cuales son estas últimas, que cobran las compañías de seguros que conforman el corazón de este sistema.

A fines de octubre recién pasado, la ganancia bruta lograda por el fondo en su conjunto desde su creación en 1981 sumaba cerca de 108 mil millones de dólares, cifra que equivale a un 40 por ciento del fondo AFP a esa fecha. Sin embargo, las comisiones y primas netas cobradas por el sistema AFP desde su creación sumaban 73 mil millones de dólares, absorbiendo a un 68 por ciento  de las ganancias brutas. En términos netos las ganancias del fondo AFP se reducen a poco más de 35 mil millones de dólares, equivalentes a poco más de un 20 por ciento del valor final del fondo.

Dicha rentabilidad neta es extremadamente volátil. A fines del año 2020, por ejemplo, antes de las pérdidas de 37 mil millones de dólares experimentadas por el fondo en su conjunto en el año 2021, las ganancias netas eran el doble de lo que son en este momento. En varias ocasiones a lo largo de los 40 años de existencia de las AFP, las ganancias netas se han reducido a cero o menos. Es decir, en varios años, las ganancias brutas del fondo no han alcanzado a cubrir las comisiones y primas netas, ambas acumuladas desde la creación del sistema.

Antes de 1990, las ganancias brutas del fondo fueron siempre inferiores a las comisiones y primas netas cobradas por el sistema AFP. Es decir, la ganancia neta del fondo fue negativa durante toda la primera década del sistema AFP. Las primas netas cobradas por las compañías de seguros fueron francamente groseras en esos años. Las primas brutas cobradas por esas compañías incluyen tanto el seguro de invalidez y sobrevivencia como, muy especialmente, las “primas únicas” cobradas a quienes se jubilan por rentas vitalicias, que son nada menos que el fondo completo acumulado por ellos al jubilarse.

En los años 1980, mientras la economía vivía su peor crisis económica desde los años 1930, las compañías de seguros “vendieron” centenares de miles de rentas vitalicias, especialmente las anticipadas, apropiándose así de los fondos completos de los respectivos pensionados, los que estaban constituidos principalmente en ese momento por los bonos de reconocimiento, que quedaban así endosados a estas compañías, que los fueron haciendo efectivos a medida que los jubilados anticipados alcanzaban su edad de retiro. Cobraban adicionalmente una “comisión” que alcanzaba a veces hasta un 20 por ciento del fondo traspasado, la cual era previamente acordada con el flamante jubilado, al que las compañías transferían parte de la misma por debajo de la mesa.

Considerando todo el período de existencia del sistema de AFP, las compañías de seguros han cobrado primas brutas equivalentes a la mitad de las cotizaciones recaudadas, con las cuales han financiado todas las pensiones vitalicias, de invalidez y sobrevivencia y otras como las cubiertas por el seguro, pagadas por dichas compañías, y les sobró la mitad. Es decir, las primas netas cobradas por dichas compañías equivalen a un cuarto de las cotizaciones recaudadas por el sistema a lo largo de su historia.

A partir de los años 1990, el fondo había acumulado excedentes suficientes como para que las ganancias brutas excedieran por lo general a las comisiones y primas netas cobradas por el sistema, el que ha aportado por lo general ganancias netas positivas desde entonces.

Sin embargo, tras las pérdidas del fondo durante la crisis asiática de fines de esa década, seguida por la crisis “punto com” de inicios de este siglo, las ganancias brutas acumuladas por el fondo se redujeron nuevamente por debajo de las comisiones y primas netas, las que continuaron acumulandose mes tras mes. De este modo, la ganancia neta del fondo fue nuevamente negativa hasta el 2003. Una situación parecida se originó tras la crisis “subprime” del año 2008 y, más recientemente, durante algunos meses del año 2020, tras el 18-O y la crisis COVID.

Lo sucedido con el fondo “E” es un caso extremo de todo lo anterior, puesto que sus pérdidas en dólares del año 2021 exceden a todas las ganancias brutas calculadas en dicha moneda, acumuladas mes a mes por ese fondo, desde su creación en el año 2000 hasta diciembre del año 2020. Es decir, las comisiones y primas cobradas por el sistema AFP a los afiliados de ese fondo desde su creación, fueron todas a pérdida. La mínima ganancia acumulada si dicho cálculo se hace en UF, tampoco cubre las comisiones y primas netas cobradas por el sistema AFP a esos afiliados.

Lo ocurrido con el fondo “E” en el año 2021 comprueba de modo dramático la precariedad e injusticia de usar la volátil rentabilidad de los mercados financieros como método de cálculo de pensiones, así como la debilidad de la rentabilidad promedio de cuota como medida de las ganancias del fondo.

Por dicho método de cálculo, aparte de su volatilidad, las pensiones de todos los jubilados AFP se han rebajado en promedio a la mitad durante 40 años, comparadas con las del antiguo sistema para historias laborales similares, y mucho más las de todas las mujeres y otros grupos discriminados como los EE.PP.

La causa exclusiva de dichas bajas pensiones AFP es que las cotizaciones obligatorias, cuyo propósito exclusivo históricamente ha sido y es en todo el mundo, financiar pensiones dignas al pueblo trabajador jubilado, y cuyo monto consistentemente ha más que duplicado el costo de las mismas, mes tras mes, año tras año, en Chile han sido desviadas por el DL 3.500, en su mayor parte al ahorro forzoso, para financiar principalmente los negocios de grandes empresarios.

Las AFP se han encargado de canalizar la mitad de las cotizaciones así desviadas, a los cuatro reconocidos grupos nacionales que controlan dicho sistema a partir de sus compañías de seguros, las que conforman el corazón del mismo. Se han convertido en súper ricos en circunstancias que antes de este negocio las fortunas de dos de ellos eran discretas en el mejor de los casos y los otros dos “no tenían ni uno”, como reza el dicho popular.

Lo principal, sin embargo, es dar una esperanza a todos los afectados por este abuso, también a los tres viejos amigos antes referidos, quiénes deben ser reparados. Al igual que todos los pensionados AFP, que suman tres millones desde 1981, mayoritariamente mujeres y la mitad ya fallecida. Todos hemos sido víctimas, el suscrito también vió rebajado su retiro programado por estos días, de una política del Estado, impuesta en dictadura pero mantenida y agravada en democracia.

Ello es posible, porque al derogar el DL 3500 y acabar con el abuso de desviar las cotizaciones obligatorias al ahorro forzoso, sea éste manejado por privados o público, y restituirlas a su propietario único y auténtico que es el pueblo trabajador jubilado, su recaudación corriente permite duplicar de inmediato, en promedio, todas las pensiones actuales y reajustarlas con los salarios imponibles, sin elevar las tasas de cotización por mucho tiempo, todo ello ahorrando al fisco varios miles de millones de dólares anuales en subsidios al sistema AFP.

Por añadidura, el actual fondo AFP y las reservas técnicas de las compañías de seguros, que son la medida del abuso y jamás han pagado pensión alguna, deben convertirse en un fondo de reparación por el daño infligido y restituirse a quiénes contribuyeron a formarlo, afiliados activos y jubilados, y el fisco, en la medida de los aportes de cada cual. Cuanto antes mejor.

(*)Manuel Riesco es ingeniero civil industrial, magister en Economía de la Universidad de Chile, doctorado en Economía Política en el Instituto de Ciencias Sociales de la Academia de Ciencias de Rusia y Vicepresidente del Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo (CENDA).