EL EDITORIAL. Cuba es un asunto humanitario
Hay una constatable una operación a gran escala que está dañando severamente a la población cubana. Resulta a lo menos indignante que todo esto ocurra porque Estados Unidos no aprueba el sistema político, económico e institucional que impera en la nación caribeña. Esta injerencia tiene hoy a las cubanas y los cubanos en una situación extremadamente difícil por los apagones, problemas en el transporte público, acceso a medicinas y tratamientos de salud, dificultades alimenticias, complejidades en el funcionamiento de los servicios públicos, con una baja en el turismo. En este cuadro, llama la atención como en Chile personeros de distintas corrientes ideológicas y políticas se solazan polemizando si en el país caribeño hay o no democracia. Es que hoy se trata de encarar el drama humano que se vive en Cuba, se trata de la ayuda humanitaria, se trata de apoyar los esfuerzos internos que hace el gobierno de la isla junto a sus organizaciones sociales de distinto tipo. Lo que ocurra en la nación cubana es y deber ser siempre producto de las decisiones de su pueblo, de los procesos internos y las realidades propias.
“El Siglo”. El Editorial. Santiago. 8/2/2026. A Cuba se le impide comprar o recibir petróleo; hay severas restricciones para que le lleguen alimentos y medicinas; hay prohibiciones para adquirir equipos médicos, materias primas para fármacos, lo que afecta, entre otros, a niños afectados de cáncer para recibir tratamiento; la nación caribeña no puede recurrir a la banca y el sistema financiero internacional, existen prohibiciones para transacciones en dólares, persecución a bancos internacionales que traten con la isla y dificultad para acceder a créditos internacionales; hay campañas de amedrentamiento y hostilidades que le frenan su industria turística, como impedir la visa a Estados Unidos a quienes hayan viajado a la Mayor de las Antillas; existen limitaciones para recibir remesas; hay sanciones a empresas de terceros países que negocien con Cuba. La lista de restricciones es mayor.
Todo eso está formalizado en un entramado de leyes y medidas tomadas por los gobiernos de Estados Unidos, acrecentado todo ahora con la administración de Donald Trump que elevó a más de 200 las medidas contra Cuba, la puso en la lista de países patrocinadores del terrorismo y la fijó como una amenaza a la seguridad nacional de ese país.
Esta injerencia tiene hoy a las cubanas y los cubanos en una situación extremadamente difícil por los apagones, problemas en el transporte público, acceso a medicinas y tratamientos de salud, dificultades alimenticias, complejidades en el funcionamiento de los servicios públicos, con una baja en el turismo.
A eso hay que agregar la tensión que produce la amenaza de EU de una agresión militar a la isla que, entre otras cosas, obliga a considerar medidas de Defensa que, por lo demás, implica gastos adicionales al Estado cubano.
No debería ser un ejercicio ocioso meditar sobre qué ocurriría en Chile si una potencia tomara todas esas medidas contra nuestro país y los efectos en nuestra población.
El asunto es que hoy el tema de Cuba es humanitario. Se trata de una operación a gran escala que está dañando severamente a la población cubana.
Resulta a lo menos indignante que todo esto ocurra porque Estados Unidos no aprueba el sistema político, económico e institucional que impera en la nación caribeña y ponga un plan destinado a asfixiar a la ciudadanía de ese país y a hacer caer el proceso cubano.
La inmensa mayoría de países de todo el mundo rechazan el bloqueo económico, financiero y comercial contra la isla, decenas de gobierno y cientos de instituciones y empresas en todo el mundo cuestionan las medidas anticubanas y amplios sectores sociales, políticos, legislativos, intelectuales a nivel internacional llaman a respetar la soberanía de Cuba.
Lo que ocurra en la nación cubana es y deber ser siempre producto de las decisiones de su pueblo, de los procesos internos y las realidades propias. No puede ser que el destino de Cuba, además con enormes incertidumbres y peligros, sea decidido por el gobierno de Estados Unidos.
Ya la situación en ese país superó los marcos políticos o de debates sobre su régimen institucional. Hay una grave y sensible situación humanitaria que requiere soluciones urgentes y apoyos determinantes. Se trata de la sobrevivencia de millones de cubanas y cubanos, de niñas y niños, de adultos mayores. Humanamente, nadie puede estar contento con la situación de Cuba porque discrepe políticamente.
En este cuadro, llama la atención como en Chile personeros de distintas corrientes ideológicas y políticas se solazan polemizando si en el país caribeño hay o no democracia, se colocan a teorizar sobre la realidad cubana incluso con aires de superioridad moral y política, mientras la población cubana reciente duramente un acoso y una agresión que le impide las mínimas condiciones de vida, de funcionamiento del país, de su economía y sus instituciones.
El país que albergó a miles de exiliados chilenos, que desde los años sesenta ha enviado misiones de salud ante catástrofes nacionales, que quitó una cuota de azúcar de su gente para enviarla a Chile, que ha formado miles de médicos que hoy atienden en diversas comunas populares, que dio atención médica a hijas e hijos de políticos y empresarios chilenos sin mirar su color político, que apoyó a notables exponentes de la cultura chilena y que entregó toda la solidaridad que se le pidió en la lucha contra la dictadura.
Hay gestos notables como los de México, China, Vietnam, Rusia, India, Brasil, y tantos otros países y pueblos que posibilitan entregar un apoyo necesario para la población cubana, en lo que se inscriben los envíos de variados insumos y alimentos desde nuestro país por el trabajo de la solidaridad popular. Es que hoy se trata de encarar el drama humano que se vive en Cuba, se trata de la ayuda humanitaria, se trata de apoyar los esfuerzos internos que hace el gobierno de la isla junto a sus organizaciones sociales de distinto tipo.
Hay que solidarizar como nunca con Cuba y permitir que su pueblo rija su destino. Que pueda seguir avanzando en el desarrollo de su industria turística, en su desarrollo de la biotecnología y fabricación de vacunas, en la producción de níquel y otros productos naturales, en las nuevas tecnologías, en la garantía de salud, educación y vivienda para su población, en definitiva, que se le permita transitar como un país soberano, independiente y próspero. En las actuales condiciones eso no es posible.
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