EL EDITORIAL. Silencios y ambigüedades frente a Trump

Es imprescindible comprender que en la agenda política y social de nuestro país, dados los acontecimientos internacionales y regionales, es prioridad considerar el escenario mundial y latinoamericano y reaccionar a la altura de las circunstancias. Más, cuando vemos que el futuro mandatario recorre países mirando cárceles, muros antimigrantes, buscando maneras de reforzar el sistema financiero y comercial privado, reuniéndose con aliados de Trump y no hace alusión alguna a los graves episodios que se están produciendo por la política militarista e injerencista del jefe de la Casa Blanca.


“El Siglo”. El Editorial. Santiago. 1/2/2026. Es tal la magnitud de las agresiones y amenazas de Donald Trump a varios países -de distintos sellos políticos en sus gobiernos- que parece impresentable, sino irresponsable, guardar silencios o quedarse en ambigüedades frente al carácter injerencista, guerrerista y violador de las normas internacionales que está implementando el jefe de la Casa Blanca.

No es loable ni asertivo que gobiernos, cancillerías, partidos políticos, organizaciones sociales, intelectuales y otros segmentos de nuestra sociedad, guarden silencio, esquiven el tema, no salgan al paso de las peligrosas e irracionales acciones de Trump. Tampoco parece explicable que no se solidarice con los países agredidos y, más aún, en medio de operaciones militares y bloqueos criminales, se caiga en andar cuestionando o debatiendo las realidades internas de las naciones agredidas.

Lo anterior debería ser sobre todo sensible y convocante para mandatarios, cancilleres, legisladores, dirigentes y partidos políticos, representantes del mundo social y de la cultura identificados con el progresismo y la izquierda.

Se requiere hoy sacar una voz potente, hacer denuncias y exigencias consistentes, activar una diplomacia ofensiva, materializar protestas y movilizaciones, organizar la solidaridad, frente a las posiciones y operaciones de Trump.

Hay una serie de situaciones que no se pueden soportar y vivir desde el silencio y la ambigüedad. En un acto más criminal que hostil, Trump anunció que subirá los aranceles comerciales a países que vendan o envíen petróleo a Cuba, declaró a ese país caribeño un peligro para la seguridad nacional estadounidense y van señales de tender un cerco naval militar en torno de la Mayor de las Antillas. Frente a eso, particularmente en Chile, deben surgir condenas y acciones que sean muy precisas respecto a repudiar esas operaciones que, por lo demás, están destinadas a generarle sufrimiento y carencias al pueblo cubano y así, pretender que vaya cayendo el gobierno. Algo abominable desde el punto de vista humano, diplomático y del Derecho Internacional.

Es imprescindible comprender que en la agenda política y social de nuestro país, dados los acontecimientos internacionales y regionales, es prioridad considerar el escenario mundial y latinoamericano y reaccionar a la altura de las circunstancias.

Más, cuando vemos que el futuro mandatario recorre países mirando cárceles, muros antimigrantes, buscando maneras de reforzar el sistema financiero y comercial privado, reuniéndose con aliados de Trump y no hace alusión alguna a los graves episodios que se están produciendo por la política militarista e injerencista del jefe de la Casa Blanca.

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