HABLEMOS DE LA TELE. Igual o peor
CHV se llevó los palmares del sensacionalismo y el morbo al no titubear en mostrar en cámara a una víctima del incendio en Renca, lo que recibió más de 200 denuncias en el Consejo Nacional de Televisión y los “reporteros” hicieron gala de lugares comunes, falsa emotividad y desconcierto para tratar de informar con cierta objetividad un hecho tan inédito como doloroso y dramático.
José Luis Córdova. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 4/3/2026. Como todos los años, la guinda de la torta en la televisión de verano fue también esta vez el Festival de la Canción de Viña del Mar, pero en medio de esta canícula aciaga, se sumaron otros acontecimientos como los incendios forestales, el cambio de mando presidencial, el ataque de los EEUU contra Irán y la trágica explosión de un camión con gas licuado en Renca que dejó víctimas fatales y decenas de lesionados graves. Con el debido respeto: miel sobre hojuelas para los canales alicaídos en sus ratings y utilidades.
CHV se llevó los palmares del sensacionalismo y el morbo al no titubear en mostrar en cámara a una víctima del incendio en Renca, lo que recibió más de 200 denuncias en el Consejo Nacional de Televisión y los “reporteros” hicieron gala de lugares comunes, falsa emotividad y desconcierto para tratar de informar con cierta objetividad un hecho tan inédito como doloroso y dramático.
Todo indica que la mera tenencia de iPhone en manos inexpertas desnuda una realidad del periodismo nacional que reduce todas las capacidades de asombro e indignación ante la falta de idoneidad, respeto y mesura de noteros, animadores y noveles conductores de espacios informativos -en período de vacaciones- de los pocos profesionales del ramo en los respectivos canales.
Una vez más el publicitado “festival latino más grande del mundo” no fue más que un programa de televisión de larga duración con un recital de algún cantante popular, un conocido standapero o comediante y el cierre de cada noche con una banda bailable y punto. Lo demás, farándula desatada desde los animadores, la polémica e infamante gala con alfombra roja, cansadores espacios alusivos al torneo, la elección de la reina y no mucho más.
En Viña, como en todo el “mundo” del espectáculo, se confunde la popularidad con la fama. La primera descansa en la exposición, el conocimiento masivo de personajes llamados “rostros” de la televisión criolla con algunos pocos talentosos artistas con capacidades vocales o histriónicas que gozan de cierta fama en el medio.
Es más fácil ser popular que famoso (reconocido por sus pares) aunque para el gran público y los televidentes en general fama y popularidad resulten finalmente la misma condición. La cantante lírica Verónica Villarroel estaría a la misma altura de Pablo Chill-E y en la Quinta Vergara (“Juana que Chana”), es decir, Gloria Estefan o Matías Bocelli.
En medio de este desbarajuste estival, los canales se preparan para iniciar un nuevo ciclo, con CHV en nuevas manos (el productor argentino Tomás Yankelevich), con TVN al borde de colapso económico y Mega compitiendo de igual a igual con el Canal 13 en el mercado audiovisual hoy extendido a radioemisoras, plataformas y redes de distinto tipo.
El sábado volvió a transmitirse una “guerra” -luces y misiles sobre Irán-, en un nuevo ataque de EEUU e Israel contra la nación musulmana que inició una contraofensiva de la cual -lógicamente- no se conocerán sus resultados. Para el presidente Trump le basta con el derrocamiento del régimen de los ayatollah sin importar su costo en vidas humanas si recupera el petróleo. La televisión mundial toma cómodos palcos para detectarlos misilazos e incendios como otro show.La instalación de un nuevo gobierno en Chile no debería implicar grandes cambios porque las autoridades que asumen son genuinos representantes de los propietarios de grandes empresas, de transnacionales, del retail y de los medios de comunicación hegemónicos en el país. Todo seguirá igual, ¿o peor?
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