Cuba. Un bloqueo inhumano que no distingue posiciones políticas
Las consecuencias no distinguen entre posiciones políticas: afectan directamente a personas concretas. Pacientes con enfermedades crónicas, adultos mayores, mujeres embarazadas, niños y niñas enfrentan las limitaciones de una política que utiliza la escasez como forma de presión. En el caso de la niñez, el impacto es especialmente sensible. El bloqueo encarece la importación de alimentos, fertilizantes y materias primas necesarias para la producción agrícola, afectando la calidad y diversidad de la dieta y poniendo presión sobre programas de alimentación escolar y de protección materno-infantil.

Javier Albornoz Rebolledo. Miembro Comisión Política PC de Chile. Santiago. 13/2/2026. Hablar hoyde Cuba es hablar de un pueblo que vive desde hace décadas bajo una presión injusta, persistente y sostenida. El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos no es un debate ideológico ni un conflicto del pasado: es una política concreta que afecta día a día la vida de millones de personas, limitando el acceso a alimentos, medicamentos, energía, tecnología y condiciones básicas de bienestar.
Esta situación se agravó de manera significativa durante las administraciones de Donald Trump, cuando se endurecieron las sanciones y se amplió su alcance más allá de las fronteras estadounidenses. Empresas, bancos, aseguradoras y navieras de terceros países fueron amenazadas o sancionadas por comerciar con Cuba. Una de las consecuencias más graves de estas medidas ha sido la dificultad para acceder a combustible, afectando directamente la generación eléctrica y el funcionamiento del país.
El impacto del bloqueo energético es profundo. Sin un suministro estable de petróleo, se resiente el sistema eléctrico y, con ello, hospitales, centros de salud, laboratorios, sistemas de refrigeración de medicamentos y vacunas, transporte público y producción de alimentos. Los cortes de energía obligan a trabajar bajo condiciones extremas, tensionando un sistema de salud que, aun así, sigue priorizando la atención universal. A esto se suma la imposibilidad de adquirir libremente insumos médicos y fármacos, muchos de los cuales contienen componentes producidos o patentados por empresas vinculadas al mercado estadounidense.
Las consecuencias no distinguen entre posiciones políticas: afectan directamente a personas concretas. Pacientes con enfermedades crónicas, adultos mayores, mujeres embarazadas, niños y niñas enfrentan las limitaciones de una política que utiliza la escasez como forma de presión. En el caso de la niñez, el impacto es especialmente sensible. El bloqueo encarece la importación de alimentos, fertilizantes y materias primas necesarias para la producción agrícola, afectando la calidad y diversidad de la dieta y poniendo presión sobre programas de alimentación escolar y de protección materno-infantil.
Frente a esta realidad, la comunidad internacional ha sido clara y consistente. La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas ha condenado de manera reiterada el bloqueo contra Cuba, señalando que es contrario al derecho internacional, a la Carta de la ONU y a los principios básicos de convivencia entre los Estados. En la misma línea, la CELAC ha rechazado las medidas coercitivas unilaterales y ha reafirmado el derecho de Cuba a desarrollarse sin injerencias externas, defendiendo a América Latina y el Caribe como una zona de paz, cooperación y autodeterminación.
A pesar de estas dificultades, Cuba sigue funcionando, sigue cuidando a su población y sigue colaborando con otros pueblos del mundo a través de la cooperación médica y humanitaria. Esa capacidad de sostener políticas públicas en condiciones adversas no niega los problemas existentes, pero sí demuestra un compromiso social profundo con la vida y la dignidad humana.
Expresar solidaridad concreta con Cuba es, ante todo, una posición ética. Es rechazar que el hambre, la energía o la salud sean utilizadas como herramientas de presión política. Es afirmar que ningún pueblo debe ser castigado colectivamente por decidir su propio camino. Más allá de las diferencias políticas, defender el fin del bloqueo es defender un principio esencial de humanidad y justicia.
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