El trumpismo y Europa: De rodillas y sin dignidad

El regreso de Trump a la Casa Blanca marca una ruptura en la política exterior. Su segundo mandato manifiesta una voluntad explícita de intervenir en la política interna del viejo continente, superando el marco tradicional de la alianza transatlántica. La administración estadounidense identifica ahora como sus aliados estratégicos a las fuerzas de ultraderecha, denominadas en su Estrategia de Seguridad Nacional de diciembre de 2025 como “partidos patrióticos europeos”. Washington desprecia a los Estados miembros de la Unión Europea y opta por interlocutores serviles que consideran propios.

Nelson Carrasco. Analista internacional. Santiago. 11/2/2026. Europa vive una realidad de subordinación absoluta. Existen partidos políticos teledirigidos por Donald Trump y fuerzas que operan bajo la influencia directa de Estados Unidos, una dinámica que también golpea a América Latina. Esta articulación fluye a través de empresas, foros de coordinación y, fundamentalmente, mediante el aparato de control militar que representa la OTAN. Esta organización impone a los Estados europeos sus cuotas de gasto en defensa, dicta el comportamiento respecto a Ucrania y obliga a aceptar aranceles comerciales sin protesta.

El regreso de Trump a la Casa Blanca marca una ruptura en la política exterior. Su segundo mandato manifiesta una voluntad explícita de intervenir en la política interna del viejo continente, superando el marco tradicional de la alianza transatlántica. La administración estadounidense identifica ahora como sus aliados estratégicos a las fuerzas de ultraderecha, denominadas en su Estrategia de Seguridad Nacional de diciembre de 2025 como “partidos patrióticos europeos”. Washington desprecia a los Estados miembros de la Unión Europea y opta por interlocutores serviles que consideran propios.

El discurso trumpista penetra en Europa con claves precisas. En España, la derecha reacciona con estridencia ante la regularización de migrantes utilizando el “gran reemplazo” como dispositivo propagandístico central. La idea de que la inmigración aniquilará la identidad europea es “basura ideológica made in USA”, importada para consumo local. Figuras como Steve Bannon y Elon Musk califican esto de “genocidio blanco” y atacan a representantes de la izquierda, instalando una retórica de guerra civilizatoria.

Este plan se sustenta en una maquinaria financiera formidable. El fascismo se cultiva con dólares. El movimiento MAGA y sus millonarios subvencionan a las ultraderechas europeas a través de redes como Atlas Network, la Fundación Disenso, Heritage Foundation y Patriotas por Europa. El Departamento de Estado planifica financiar think tanks alineados con este pensamiento en Londres, París y Berlín. Esta inyección de recursos y tecnología de datos profesionaliza la comunicación de partidos como Vox, AfD o la Agrupación Nacional de Le Pen. Estamos ante una “internacional fascista” operativa, donde líderes como Abascal, Bolsonaro, Milei y Orbán coordinan su ofensiva cultural.

Frente a esta agresión, la prensa europea construye un relato narcótico. Medios como El País, ABC o The Guardian inventan supuestas contradicciones o dilemas morales entre Trump y sus filiales europeas. Esa lectura es falsa y peligrosa. La alineación es total. La prensa disimula los hilos de las marionetas y genera una complacencia suicida. Emmanuel Macron presenta la sumisión financiera por la guerra en Ucrania como un acto de emancipación, cuando se trata de una orden imperial acatada por una clase política sin coraje.

El objetivo de Washington es claro: considera a Europa una civilización en decadencia racial y moral que debe ser “corregida”. Trump impulsa un renacimiento espiritual reaccionario. Alice Weidel en Alemania, Nigel Farage en el Reino Unido y André Ventura en Portugal materializan esta franquicia política. Son expresiones locales de un movimiento global que cuestiona la democracia liberal y comparte una visión autoritaria del poder.

La izquierda debe abandonar la ingenuidad y la tibieza. La derecha moderada ha dejado de existir; lo que avanza es un proceso de fascistización social. La historia de los Frentes Populares enseña el camino: la respuesta exige confrontación total. Se requiere combatir a estos agentes con ideas, organización y fuerza institucional. Europa tiene más miedo a quienes defienden la redistribución de la riqueza que a quienes esparcen el odio racista. Si los “patriotas” de Trump siguen creciendo con el apoyo explícito de la Casa Blanca, el continente perderá definitivamente lo poco que le queda de dignidad soberana.

La entrada El trumpismo y Europa: De rodillas y sin dignidad se publicó primero en El Siglo.