Denunciaron que Crespo celebró su absolución judicial y la presentó “como una victoria política”

En una declaración pública la Mesa Nacional Unitaria de Expresos Políticos y Exonerados de Chile indicó que el fallo que dejó libre de responsabilidad al exoficial de Carabineros que dejó ciego al joven Gustavo Gatica, es una “inversión moral -donde la víctima desaparece del centro y la violencia estatal se relativiza o blanquea-“ y “revela hasta qué punto se ha naturalizado un discurso autoritario en el espacio público”. Se dijo que “cuando un uniformado puede celebrar públicamente la agresión a un ciudadano, cuando un tribunal legitima narrativas que deshumanizan a las víctimas y cuando el poder político consolida marcos legales que favorecen la impunidad, no estamos ante hechos aislados, sino ante una degradación progresiva de la democracia”.

“El Siglo”. Santiago. 1/2026. El siguiente es el texto íntegro de una declaración pública de la Mesa Nacional Unitaria de Expresos Políticos y Exonerados:

La Mesa Nacional Unitaria de Expresos Políticos y Exonerados de Chile manifiesta su más enérgico repudio frente a la vergonzosa falta de justicia en el caso de Gustavo Gatica y expresa su solidaridad plena, fraterna e irrestricta con él y con todas las víctimas de la violencia estatal.

Un veredicto con contenido político

Sostenemos que el veredicto absolutorio dictado en favor de Claudio Crespo no puede ser entendido como un acto meramente jurídico. Contiene un componente político evidente. El tribunal afirma abstenerse de juzgar el comportamiento institucional de la policía y limitarse a evaluar la conducta individual del imputado. Sin embargo, el propio fallo construye una narrativa donde los manifestantes son presentados como una “turba violenta”, irracional, con intención de matar. Esto no constituye neutralidad judicial: constituye un juicio político del estallido social que desnaturaliza el rol de la justicia y transforma simbólicamente a la víctima en parte de un enemigo abstracto.

En este marco, la víctima deja de ser reconocida como sujeto de derechos y pasa a ser deshumanizada en el relato judicial. Se altera así el principio básico de los derechos humanos: quien sufre la violencia pierde legitimidad y quien la ejerce resulta indirectamente justificado lo cual nos encamina a una peligrosa glorificación del autoritarismo.

La inversión moral de la justicia

En un país donde Gustavo Gatica quedó ciego tras la represión policial durante el estallido social, hemos visto cómo sectores políticos y mediáticos han impulsado un relato que presenta al excapitán de Carabineros Claudio Crespo como figura heroica, símbolo de orden o víctima de persecución. Esa inversión moral -donde la víctima desaparece del centro y la violencia estatal se relativiza o blanquea- revela hasta qué punto se ha naturalizado un discurso autoritario en el espacio público.

La provocación política del agresor y la legitimación de la violencia

Resulta doblemente grave la conducta del propio Claudio Crespo, quien lejos de mostrar respeto por la gravedad de los hechos, ha celebrado públicamente su absolución mediante actos de abierta provocación política en las que utiliza una foto de Gustavo Gatica. No se trata solo de una celebración macabra con la imagen de la víctima sobre una tumba, sino además de una exaltación explícita del fin del “octubrismo”. Esto evidencia que la conducta de esta persona no corresponde a la de un profesional policial que habría cometido un error aislado -más aún cuando está acreditado que fue él quien disparó-, sino a la de alguien que actuó de manera consciente e ideológica, sabiendo perfectamente lo que hacía, tanto en ese episodio como en muchos otros, ejerciendo agresiones y vulnerando derechos humanos de manera sistemática contra manifestantes.

Gustavo Gatica fue gravemente mutilado por acción de agentes del Estado. Hoy, su agresor no solo celebra su absolución judicial, sino que incluso la presenta como una victoria política. Esto expresa un fenómeno más amplio y preocupante: la normalización y legitimación de la violencia institucional en determinados sectores del poder político y social.

La vía chilena al fascismo

Parafraseando una de las ideas icónicas de Salvador Allende, la “vía chilena al socialismo”, sostenemos que, en los hechos, el actual gobierno ha terminado abriendo una peligrosa “vía chilena al fascismo”. No se trata de una consigna, sino de una constatación basada en hechos concretos: debilitamiento del principio de responsabilidad estatal, expansión de facultades represivas, legitimación de la violencia institucional y retroceso en materia de derechos humanos.

Cuando un uniformado puede celebrar públicamente la agresión a un ciudadano, cuando un tribunal legitima narrativas que deshumanizan a las víctimas y cuando el poder político consolida marcos legales que favorecen la impunidad, no estamos ante hechos aislados, sino ante una degradación progresiva de la democracia.

La responsabilidad de Boric

El caso de Gustavo Gatica es paradigmático. No solo por el daño irreparable que sufrió, sino porque evidencia que la institucionalidad está transmitiendo un mensaje devastador: que protestar puede costar la integridad física y que quienes ejercen esa violencia pueden quedar protegidos por el sistema.

Resulta particularmente grave que la legislación que hoy sustenta este escenario haya sido impulsada con urgencia por el propio Presidente de la República, evitando su revisión por instancias de control constitucional. Esta decisión conlleva responsabilidad política directa y contribuye a consolidar un escenario de arbitrariedad.

La paradoja es brutal: Boric llegó a La Moneda prometiendo poner fin a la impunidad y hacer justicia frente a las violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, termina su mandato con una ley impulsada por su propio gobierno que garantiza impunidad, no solo respecto del pasado, sino también frente a la represión futura.

Una derrota ideológica, cultural, política y moral

La narrativa impuesta por los grandes medios de comunicación no solo ha moldeado la opinión de amplios sectores de la ciudadanía, empujándolos a votar desde el miedo y la inseguridad hacia opciones de ultraderecha. La imposición de una “ley del gatillo fácil” sigue esa misma narrativa, también ha terminado colonizando a buena parte de la élite política de los partidos de izquierda y progresistas, que hoy legislan, debaten y actúan dentro del marco ideológico de ultraderecha fijado precisamente por quienes dicen enfrentar.

El resultado es evidente: la ultraderecha ha logrado controlar la agenda pública, imponer los temas prioritarios del debate legislativo y fijar los límites de lo “aceptable” en la discusión política. Mientras tanto, quienes se presentaban como representantes de las mayorías han demostrado una debilidad extrema para disputar el sentido común y una alarmante incapacidad para construir un proyecto propio con autonomía, claridad y coraje.

Esta crisis no es solo ideológica, cultural, ética y política: es también de conciencia, de dirección y de dignidad.

Mesa Nacional Unitaria de Expresos Políticos y Exonerados de Chile.

Sobrevivientes de Prisión Política y Tortura – Chile

21 enero 2026.

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