Perfil socioeconómico de los votantes de Kast y Jara
“José Antonio Kast logró una coalición transversal uniendo a las élites que buscan estabilidad económica con sectores populares (clase baja) preocupados por la seguridad y la inmigración, especialmente esta última como una competencia por puestos de trabajo y beneficios sociales inmerecidos. En tanto, en el caso de Jeannette Jara, su apoyo se concentró en la clase media baja y sectores profesionales jóvenes pero perdió terreno en los grupos más vulnerables ante el discurso de seguridad. El giro del sector D -histórica e hipotéticamente asociado a posiciones de la izquierda de buena parte del siglo 20- significó migrar hacia la derecha debido a la crisis de seguridad”.
Guillermo Torres Gaona. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 21/1/2026. Un análisis muy decidor y explicativo sobre la estructura socioeconómica en Chile y cómo ella se reflejó en la elección presidencial, elaboró el sociólogo Eduardo Fernández, docente de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE).
En su estudio, hecho sobre la base del modelo de la Asociación de Investigadores de Mercado, Fernández precisa que las clases medias constituyen hoy el 49 por ciento de la población de nuestro país.
La cifra está segmentada en la “clase media baja, 25%; típica, 12%, y emergente,6%. La clase media baja es el segmento más numeroso del grupo C3. Sus ingresos promedios rondan los 900 mil pesos mensuales. La mayoría cuenta con educación media o técnica completa. Su situación financiera es ajustada y sus integrantes dependen fuertemente del sistema público o mixto de salud y son usuarios del sistema público de educación (Slep, Municipalizados, Particular subvencionados)”.
Los sectores vulnerables y de menores ingresos (segmentos D y E) conforman el 50% del país. El sector D/vulnerables tiene ingresos cercanos a los 500 mil pesos, cercanos al sueldo mínimo. Realizan trabajos precarios no calificados o de servicios básicos. Tienen altos niveles de endeudamiento para cubrir sus necesidades básicas.
La pobreza (13%) representa a los hogares con menores ingresos de Chile (promedio bajo los 400 mil pesos). Tiene una alta precariedad laboral e inestabilidad y temporalidad de sus ingresos.
La clase alta consolidada (1%) es la élite económica. En los últimos años este grupo tiene ingresos familiares superiores a los 6 millones 500 mil pesos mensuales. El 99% son profesionales universitarios, muchos con posgrados en universidades privadas del país o del extranjero. En la Región Metropolitana viven principalmente en las comunas de Vitacura, Lo Barnechea, Las Condes y Providencia. “Fachistan”, como llaman algunas personas a esas comunas.
Opciones presidenciales
“En el Siglo XXI -precisa Fernández- la estructura laboral ha pasado de una división tradicional (obrero versus patrón) a una configuración mucho más compleja, marcada por la tercerización de la economía, la expansión de las clases medias, la persistencia de brechas estructurales y la agudización de las desigualdades”. Esto ha implicado la construcción de una percepción y representación social marcada por el individualismo y una aceptación de la sociedad de mercado acrítica.
El profesor Fernández asegura, en las opciones presidenciales de la segunda vuelta, que: “José Antonio Kast logró una coalición transversal uniendo a las élites que buscan estabilidad económica con sectores populares (clase baja) preocupados por la seguridad y la inmigración, especialmente esta última como una competencia por puestos de trabajo y beneficios sociales inmerecidos. En tanto, en el caso de Jeannette Jara, su apoyo se concentró en la clase media baja y sectores profesionales jóvenes pero perdió terreno en los grupos más vulnerables ante el discurso de seguridad. El giro del sector D -histórica e hipotéticamente asociado a posiciones de la izquierda de buena parte del siglo 20- significó migrar hacia la derecha debido a la crisis de seguridad”.
Otros dos hallazgos claves son la integración de los “votantes obligados” (sectores que no participaban antes del sistema electoral) y que “benefició a las posturas más pragmáticas y de orden, a menudo asociados a la derecha y la ultraderecha”.
Resulta relevante resaltar que los grupos vulnerables que se inclinaron por José Antonio Kast “se caracterizan por el deseo de pertenecer a una clase superior, un afán de aspiracional y de alienación ideológica. Subsiste la idea de que han sido engañados por los medios de comunicación o por la campaña del miedo junto con la presencia de activistas con ideología neoliberal en el mundo popular. Ser afianza la concepción individualista de la vida. Emerge la priorización del bienestar familiar y la propiedad privada por sobre los derechos sociales colectivos”.
La victoria de Kast también movilizó a millones de votantes desideologizados que “asociaron al Partido Comunista y a Jeannette Jara con la inestabilidad. Vieron en la actitud de los liderazgos de las derechas una garantía de protección ante el crimen organizado y la crisis migratoria. Rechazaron el lenguaje identitario (inclusivo, agendas de minorías) que perciben como ajeno a sus urgencias cotidianas”.
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