Jersey: La isla británica del dinero y el silencio

Esta isla de apenas 100.000 habitantes y 120 km² es, sin embargo, un gigante financiero. Según su propio registro, a finales de 2023, Jersey administraba activos financieros por un valor de más de 1.1 billones de dólares (£897,000 millones). Para ponerlo en perspectiva: eso es más que el PIB anual de países como Países Bajos o Suiza. En su territorio operan 1.400 fondos de inversión registrados y 45 bancos, la mayoría dedicados a la banca privada y al manejo de patrimonios extranjeros. Hay, literalmente, más de 33.000 entidades estructuradas (como trusts y sociedades) registradas. Un reinado de la elusión fiscal y no sólo eso: El orfanato Haut de la Garenne funcionó durante más de un siglo, pero no fue hasta 2008 que una investigación policial masiva destapó una verdad aterradora: en esa institución, y en otras de la isla, se habían cometido abusos físicos, emocionales y sexuales sistemáticos contra los niños durante décadas.

L. Rambaldi. Bilbao. 19/1/2026. Todo empezó con una isla desconocida para la mayoría. Tropecé con ella después de la muerte de Isabel II, allá por 2022, escuchando un programa sobre los distintos sucesos de su larga era como reina. Hablaban de una isla llamada Jersey, lo cual me llevó a pensar inmediatamente en Estados Unidos, pero no, esto era territorio británico. No era una isla cualquiera: era un santuario para el dinero de los más ricos del mundo, un agujero negro fiscal, un lugar fuera de nuestro imaginario común. No es un destino turístico de playas masivas, es, ante todo, el patio trasero financiero de la City de Londres. Un lugar donde viven los arquitectos de la evasión legal, los fiduciarios y banqueros, junto a sus familias, en una burbuja de discreción absoluta.

En medio de esa opulencia silenciosa y ordenada, hubo un orfanato: Haut de la Garenne. Y cuando la historia del abuso sistemático de niños en ese lugar salió a la luz, las sombras se alargaron hasta tocar a un ícono nacional británico: el presentador y “filántropo” Jimmy Savile. Como hemos visto en otras ocasiones, el poder absoluto, el secretismo y la impunidad no solo mueven capitales, sino que también ocultan crímenes. Cuando lo tienes todo y nada es suficiente, en esa ambición infinita, transgredir lo prohibido puede convertirse en el único “lujo” que queda. Esta es la historia de cómo una isla diseñada para guardar secretos del dinero terminó guardando secretos mucho más oscuros.

Jersey: La “dependencia” que mueve billones

Jersey no es parte del Reino Unido. Es una “Dependencia de la Corona”. Esto significa que, aunque el Rey Carlos III es su jefe de Estado, Jersey no es parte del Reino Unido ni de la Unión Europea. Tiene su propio parlamento (los Estados de Jersey), su propio sistema judicial y, lo más crucial, su propio sistema fiscal y financiero, completamente independiente. El gobierno británico maneja su defensa y su representación en la escena internacional, pero una antigua convención impide que intervenga en sus asuntos internos, especialmente en los impuestos. Esta ambigüedad soberana es, precisamente, su superpoder económico.

Esta isla de apenas 100.000 habitantes y 120 km² es, sin embargo, un gigante financiero. Según su propio registro, a finales de 2023, Jersey administraba activos financieros por un valor de más de 1.1 billones de dólares (£897,000 millones). Para ponerlo en perspectiva: eso es más que el PIB anual de países como Países Bajos o Suiza. En su territorio operan 1.400 fondos de inversión registrados y 45 bancos, la mayoría dedicados a la banca privada y al manejo de patrimonios extranjeros. Hay, literalmente, más de 33.000 entidades estructuradas (como trusts y sociedades) registradas, superando con creces el número de hogares. Es el corazón de un sistema que el Índice de Secreto Financiero 2022 sitúa entre las 20 jurisdicciones más opacas del mundo.

Su producto estrella es el “trust”. Funciona así: un magnate alemán puede traspasar la propiedad legal de su flota de yates a un trust administrado por abogados en Jersey. Ante los registros, los dueños pasan a ser esos abogados. Pero las instrucciones secretas del trust dictan que solo los hijos del magnate pueden usar los yates y recibir los ingresos por su alquiler. El magnate “desaparece” como dueño, evadiendo impuestos y escrutinio, mientras su familia mantiene el control y el disfrute. Esta herramienta es ideal para proteger patrimonios de impuestos, divorcios y miradas indiscretas. Es el núcleo de la “planificación fiscal agresiva” (la elusión legal) para la élite europea y global.

Este modelo de negocio basado en la confidencialidad tiene un correlato en la gobernanza. Un estudio del Tax Justice Network señala que la capacidad de estas jurisdicciones para mantener el secreto se basa en “barreras legales y administrativas” que también restringen el flujo de información pública. No es coincidencia que, según Reporteros Sin Fronteras, aunque Jersey tiene prensa libre, su índice de concentración mediática es alto y los temas financieros complejos rara vez son investigados en profundidad por medios locales, a menudo dependientes de la publicidad del sector.

El paralelo perfecto: Secretismo financiero, opacidad social

El mismo marco que hace de Jersey un imán para el dinero opaco -su autonomía, su discreción, su red de profesionales que protegen la confidencialidad del cliente- crea un ecosistema social paralelo. La prensa local es pequeña y depende en gran medida de los anunciantes del sector financiero. La política está dominada por una clase local cuyos intereses suelen estar alineados con la industria que sostiene la economía. La justicia y las instituciones operan con una fuerte autonomía y poca supervisión externa. En resumen, es un entorno de bajo escrutinio y alto control por parte de una élite local cerrada. Es el caldo de cultivo perfecto para que los abusos de poder, en cualquier forma, prosperen durante décadas sin ser cuestionados.

El orfanato Haut de la Garenne funcionó durante más de un siglo, pero no fue hasta 2008 que una investigación policial masiva destapó una verdad aterradora: en esa institución, y en otras de la isla, se habían cometido abusos físicos, emocionales y sexuales sistemáticos contra los niños durante décadas. Los testimonios de los supervivientes pintaban un cuadro de tortura y crueldad institucionalizada. En los sótanos del edificio, la policía encontró lo que los medios llamaron una “cámara de tortura”, una habitación aislada acústicamente con grilletes en la pared. Se recuperaron fragmentos de huesos y más de 65 dientes de leche. El escándalo conmocionó a la isla y reveló un colapso total del sistema de protección infantil, donde las quejas fueron ignoradas y los perpetradores, protegidos.

El escándalo no fue un caso aislado. La Operación Rectangle, la investigación policial que destapó los abusos, recogió alrededor de 450 denuncias de más de 180 víctimas potenciales, y se centró en 8 instituciones infantiles, no solo en Haut de la Garenne. Un informe independiente encargado posteriormente por el gobierno de Jersey, el “CARE Inquiry”, concluyó en 2017 que “durante décadas, los niños no fueron escuchados ni protegidos” y criticó una “cultura de ocultación” dentro de las instituciones. Lo más revelador: el informe señaló que ‘la reputación de Jersey se priorizó por encima del bienestar de los niños’, un eco perturbador de la lógica que prioriza el secreto financiero sobre la transparencia.

La sombra de Savile y la impunidad sistémica

Y aquí es donde el hilo se conecta con el poder central del Reino Unido. Entre las sombras que rondaban a Jersey estaba la de Sir Jimmy Savile. Este hombre, presentador de programas de televisión icónicos como Top of the Pops y Jim’ll Fix It, y supuesto gran filántropo, era en realidad un depredador sexual en serie. Tras su muerte en 2011, se supo que había abusado de cientos de víctimas, a menudo en instituciones como hospitales y escuelas. Savile era amigo personal del príncipe Carlos y la princesa Diana, recibía honores del establishment y tenía una relación cercana y extraña con las fuerzas policiales. Durante su vida, existieron denuncias y rumores, pero su inmenso poder mediático y sus conexiones con la monarquía y la policía actuaron como un escudo infranqueable, haciendo que las investigaciones fueran desestimadas o silenciadas sistemáticamente.

Investigaciones posteriores, como el informe de 2016 de la Dra. Minty, señalaron que Savile visitó Jersey en varias ocasiones, incluyendo Haut de la Garenne y un centro de jóvenes. Aunque no hay una sentencia judicial post-mortem, la conexión es simbólica y real. Savile representa la impunidad absoluta que otorga el poder mediático y la cercanía a la élite. Si un hombre así podía operar con tanta libertad en el Reino Unido, bajo las luces de los focos, ¿qué nivel de impunidad podrían alcanzar figuras poderosas en una isla autónoma, secreta y con instituciones frágiles como Jersey? La pregunta no es retórica: el informe sobre los abusos en la isla criticó una cultura de “dejar hacer” y de proteger la reputación del sistema por encima de la de las víctimas.

Jimmy Savile es el epítome de cómo la impunidad se construye con complicidades. La investigación oficial del “Report on Jimmy Savile” del NHS y el Departamento de Salud del Reino Unido (2014) documentó 73 ofensas sexuales cometidas por Savile solo en instituciones médicas. Pero el informe más revelador es el “Giving Victims a Voice” de la Policía Metropolitana y la NSPCC, que registró 214 delitos sexuales graves acreditados contra él en el Reino Unido, con 450 alegaciones en total que abarcaban seis décadas. Savile operó en un “punto ciego del sistema”, protegido por su estatus de celebridad y su proximidad al poder. Esto ilustra un principio: en entornos de baja rendición de cuentas y alta deferencia a la autoridad -ya sea en un hospital británico o en una isla autónoma-, los mecanismos de control fallan (u omiten) de manera catastrófica.

Conclusión: Un síntoma, no una anomalía

La isla de Jersey no es la única. Es un caso de estudio en miniatura de un fenómeno global. Según estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), el 40% de la inversión extranjera directa global (unos $18 billones) pasa por “conductos” o sociedades pantalla sin sustancia real, muchas ubicadas en paraísos fiscales. El Tax Justice Network estima que los países pierden más de 480 mil millones de dólares anuales en ingresos fiscales por la elusión y evasión corporativa y personal facilitada por estas jurisdicciones. Mientras, los “Pandora Papers” revelaron que más de 130 políticos y altos funcionarios de 90 países han utilizado activamente este sistema de secreto.

La historia de Jersey nos ofrece una lección cruda: la arquitectura del secreto financiero y la arquitectura del abuso institucional pueden compartir los mismos cimientos. La opacidad que permite que un billón de dólares se mueva sin ser rastreado, es la misma que puede silenciar el llanto en un sótano. Esta isla no es una anomalía; es un síntoma de nuestro propio sistema. Pero Jersey es solo una isla en un vasto archipiélago invisible. En los próximos artículos, trazaremos el mapa completo de este sistema global: desde las Islas Caimán hasta Delaware, desde Singapur hasta Luxemburgo. Veremos cómo cada jurisdicción tiene su especialidad para servir a las distintas élites del mundo, y cómo, en conjunto, drenan la riqueza de nuestras sociedades. El viaje acaba de empezar.

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