Discurso de Bárbara Figueroa en el cierre de la Fiesta de Los Abrazos 2026
No queremos hacer una extensa intervención, pero sí transmitir nuestro mensaje. No podemos cerrar este día domingo de nuestra Fiesta de los Abrazos sin reforzar algunos mensajes que ya señalábamos ayer. En la inauguración, el presidente de nuestro Partido lo decía con claridad: el desafío de la defensa de Cuba, de la soberanía, y de que los pueblos de Venezuela resuelvan sus problemas sin intervención, sin que el más fuerte ponga el pie sobre nuestros países y nuestras riquezas.
Pero también lo decíamos con claridad: este no es solo un problema de soberanía, compañeros, es un problema de qué intereses se están defendiendo. ¿Qué intereses está defendiendo Trump? Entregarle al neoliberalismo, al capital, a las transnacionales, a los mismos que dicen combatir —al narcotráfico, al crimen organizado— los recursos naturales de nuestros países. Eso es lo que quieren hacer a nivel global.
Nos asustan y nos dicen que cerremos la puerta a China, que cómo se nos ocurre avanzar con otros países. Nosotros queremos una América Latina soberana, no queremos nada más. No vamos a supeditar a nadie, pero que no nos digan que esto es por la democracia, porque no lo es. Esto es para generar ganancias para los de siempre, para quienes hoy ya no pueden ganar más. Ese es el proyecto que están defendiendo.
Ese es el riesgo que tenemos a partir del 11 de marzo. Así como a nivel internacional se está disputando el mundo para que los capitalistas ganen y los trabajadores y trabajadoras pierdan —recortando salarios, derechos y poderes—, nosotros nos levantamos. Con una derrota que reconocemos, que reflexionaremos, con mucha autocrítica, pero no vamos a conceder ni un milímetro. ¿Creen que por nuestra autocrítica vamos a renunciar a las luchas justas? No, señores. No se confundan.
Veinte años nos costó esta lucha. En dieciséis años nuestra bancada creció. Tenemos diputadas y diputados que hoy se incorporan al Congreso y nos llenan de orgullo. Tenemos la primera mayoría nacional con nuestra senadora Karol Cariola, y pese a los intentos de desprestigio, eso nos llena de orgullo, porque eso es el Partido Comunista: rompe todos los cercos.
En dieciséis años logramos llegar con una candidata del Partido Comunista a encabezar un espacio unitario nunca antes visto en Chile. No somos imprescindibles, compañeros, no tenemos un ego pequeño, pero qué bueno es cuando está el Partido Comunista y están todos empujando. No queremos que nadie pierda, pero tampoco vamos a permitir retrocesos en nuestras convicciones políticas.
Vivimos un escenario internacional complejo, donde la contradicción capital-trabajo se expresa con fuerza. ¿Y cuál es el rumbo que se nos propone en Chile? Las palabras del presidente electo y de su eventual ministro de Hacienda —vinculado a casos de corrupción como el papel confort y las farmacias— nos dicen que se promoverá la contratación y se terminará con la informalidad. ¿A costa de qué? De acabar con el salario mínimo, con la negociación colectiva, con el debate sobre la igualdad.
Nosotros decimos con claridad: no podemos retroceder. Si no entendemos que la desigualdad es estructural, si no hay seguridad económica, seguridad en las calles, si las mujeres no nos sentimos seguras, hay un problema profundo. Queremos autonomía, no depender de nadie: ni del Estado, ni del compañero, de nadie.
¿A quién quieren hacer pagar sus políticas? A los trabajadores: salarios bajos, menos derechos, menos impuestos para los grandes, mientras se precariza la vida. Eso es lo que no queremos y eso es lo que exigimos. Le pedimos al presidente que lo aclarara en campaña y nunca lo hizo.
Hoy el llamado es claro, como lo señaló nuestro presidente en la inauguración: unidad, compañeros. La más amplia unidad social y política. Algunos dirán que solo hay que defender la democracia; otros diremos que la contradicción es capital versus trabajo. Esa diversidad es la que debemos construir con el mundo social, sindical y político, para romper las barreras que nos han impedido dar un salto cualitativo.
No juzguemos al que piensa distinto. No es “facho pobre”. Ganémonos los corazones, dejemos de juzgar, no nos pongamos en un pedestal moral que no tenemos. Somos pueblo, y el pueblo tiene luces y sombras. Tenemos que ir a rescatar a ese pueblo, organizarnos sin juzgar, porque no tener conciencia de clase no significa quedar fuera. Nuestro compromiso está intacto.
Vamos a estar alertas, pero no basta con nosotros ni con todos los Partidos u organizaciones del mundo. Necesitamos más: que entre todos ayudemos a organizar, sin pedestal. Somos perfectos e imperfectos. Tenemos que invitar, sumar, decir: “lucha con nosotros”, porque solos no vamos a poder.
Si algo el pueblo de Chile le reconoce a este Partido centenario es que nunca ha dejado de luchar por sus derechos, y no lo vamos a dejar de hacer ahora. El desafío es sumar más, construir más, organizarnos más y no fragmentarnos. Basta de dividirnos; el riesgo es demasiado grande para el pueblo de Chile.
La convocatoria está hecha con humildad, con cariño y fraternidad, por quienes estamos aquí y por quienes ya no están, por quienes hoy sufren. Demos la batalla así: con humildad, con un puñado de humildad siempre en el bolsillo.
Disfrutemos también, porque el pueblo se merece disfrutar. Pero mañana hay que volver a trabajar, a organizar y a construir conciencia. Muchas gracias por la paciencia. No podemos retirarnos sin hablar de esperanza: nuestra esperanza está en la juventud, esa fuerza rebelde que nos permite mirar el futuro y construir esperanza.
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