Discurso de Catalina Lufín en la Fiesta de los Abrazos 2026

Compañeros y compañeras, qué alegría más grande, qué alegría tan profunda la capacidad que tenemos nuevamente de encontrarnos en este tono de suma fraternidad y también de reflexión, porque vaya que lo necesitábamos todos y todas, ¿o no?

Después de este año tan intenso, después de estos meses de lucha y del tremendo compromiso que tuvimos que asumir en la conducción política de una campaña presidencial histórica, compañeros y compañeras, que a todos y todas nos ha conmocionado, y me atrevo a decir que incluso al país entero.

Bien lo sabemos nosotros, las Juventudes Comunistas de Chile. Hoy me acompaña una delegación de nuestro Comité Central y de las gloriosas brigadas Ramona Parra.

Asumimos hace algunos meses atrás, en medio de nuestro Congreso Nacional, justo cuando se estaba desarrollando la campaña presidencial de las primarias. Qué desafiante, pero también qué belleza hay en la entrega cuando el destino y el futuro de la patria nos demandan y nos convocan, como jóvenes revolucionarios, a entregarnos por una causa de marca mayor.

Y así asumimos, con alegría, con convicción y, sobre todo, con mucha disciplina, el desafío de llevar a cada rincón del país el programa, las ideas y la profunda convicción de nuestra compañera Jeannette Jara.

Cuando digo que este proceso ha sido histórico y sumamente significativo para la historia de nuestro país, me refiero también a que ha logrado llegar al corazón de los jóvenes. Porque si hay algo que está claro es que, en medio de una ola de ultraderecha que está bregando por conquistar las conciencias de los más jóvenes de nuestra nación, Jeannette y todos quienes participamos de su campaña logramos hacer una alianza virtuosa entre quienes han sido llamados la generación sin casa, quienes tienen profundas incertidumbres sobre su futuro a propósito de la crisis climática y otros asuntos aún pendientes por resolver.

Al calor de eso, me alegra profundamente anunciar que dos mil jóvenes han decidido confiar en las Juventudes Comunistas y tomar partido, tomar acción, a través de la militancia en las ideas revolucionarias.

Hoy les damos la bienvenida fraternalmente, porque renuevan los aires del partido, nos rejuvenecen y nos llenan de vida para enfrentar los desafíos que hay por delante, que no son pocos y que son nuevos. Algunos en apariencia, otros en su trasfondo, pero debemos prepararnos todos y todas para enfrentar un año, un período que comienza a abrirse y del cual no tenemos del todo claro cómo se va a expresar.

Y me refiero a que la tarea que hoy tenemos es volver a enfrentar al imperialismo, al imperialismo más crudo que ha vuelto a mostrar sus garras contra América Latina, tal como lo hizo en el siglo XX con la Doctrina Monroe. Hoy le ha cambiado el nombre, le ha cambiado la imagen, pero ha mantenido su esencia, creyendo que Latinoamérica es su patio trasero y que puede extraer y saquear nuestros recursos naturales bajo un falso interés por la libertad de los pueblos, cuando no hay nada que les interese menos.

Pero aquí hay una juventud fuerte que se ha plantado y reafirma hoy su carácter antiimperialista y antifascista para decirles con fuerza que no pasarán. No pasarán en nuestro continente, no pasarán en América Latina y tampoco pasarán en Chile.

Y no pasarán en Chile porque también es necesario que hoy, en medio de la fraternidad que ha marcado este encuentro, reconozcamos dónde estamos. Hoy la izquierda, hoy el progresismo, hemos sufrido una derrota importante y, con mucha humildad, debemos tener la capacidad de recogernos y mirarnos a nosotros mismos para superar aquello que quizás no estamos haciendo del todo bien: mejorar nuestro programa, mejorar nuestras comunicaciones, mejorar nuestra táctica y nuestra estrategia.

Porque de otra manera le entregaremos el futuro a ellos, a quienes quieren lo peor para el pueblo, a quienes engañan para explotar aún más, a quienes no proponen una alternativa de futuro ni de cambio, sino que se visten con traje nuevo para proponer la misma explotación de siempre.

Frente a eso, a quienes han puesto su cuerpo a disposición de la campaña, a las y los jóvenes que recorrieron el país e inundaron de alegría las calles de todo Chile, les decimos que nuevamente aquí estamos. Pero ahora estamos para poner nuestras mentes, para renovar nuestras ideas y enfrentar el futuro con toda la potencia que se merece.

Con humildad, pero también con valentía y coraje, para volver a las calles, para rearticular los movimientos sociales y para encabezar nuevamente procesos de transformación histórica, como ocurrió en 2018, 2011 y 2006. Porque a eso aspiramos: no a transformaciones en oleajes, sino a una transformación profunda de la matriz de la desigualdad en Chile.

Compañeros y compañeras, frente a un panorama que parece tan desolador, dos mil jóvenes han decidido confiar en la JOTA. Dos mil jóvenes, en medio de una crisis de confianza en las instituciones, en los partidos e incluso en la efectividad del Estado, han decidido depositar sus esperanzas de cambio en nosotros y nosotras.

Sepan que probablemente para muchos de ustedes esta sea su primera Fiesta de los Abrazos, y queremos decirles que sabremos responder. Sabremos responder y recibirlos, porque aquello que inició como una sospecha, como un despertar incipiente de conciencia, se transformará en formación revolucionaria y en disposición de volver a poblar las calles.

Hoy quiero decirles que tenemos que recogernos, y esta fiesta es ejemplo de ese espíritu, para proyectarnos en unidad hacia el futuro. Pero no cualquier unidad, porque la unidad no se trata de recolectar firmas al final de una declaración ni de juntar timbres. La unidad se trata de unidad de propósito, de unidad programática en la izquierda, de ideas comunes que nos unan incluso cuando haya malos resultados electorales, porque ahí es cuando más nos necesitamos.

Se requiere una alianza de izquierda potente, popular, que integre las visiones que se construyen en los distintos rincones de nuestro país sobre cómo vivir un poquito mejor. Transitar de la unidad electoral y superarla, por fin, para llegar a la unidad política.

Tal como en los procesos de la Unidad Popular, hoy se requiere que todas las fuerzas democráticas, progresistas y de izquierda nos unamos tras las ideas del antiimperialismo, de la superación del neoliberalismo en nuestra patria y de la construcción de alternativas que devuelvan el sueño a la juventud.

Porque hoy la esperanza parece haber querido cruzar, a ratos, a la vereda del frente, pero nosotros la recuperaremos. Para que no siga triunfando el miedo y para que triunfe una verdadera alternativa de cambio, aquí estarán las Juventudes Comunistas, con orgullo, con convicción y con más hambre de justicia que nunca.

Con la convicción intacta y con ideas nuevas, mil veces venceremos.

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